En 2024, Solera se propuso expandir su portafolio con algo más que una nueva cerveza: quería sumar un producto con carácter, frescura y propósito. El reto era claro: no competir con lo ya existente, sino crear un nuevo espacio, un nuevo momento de consumo que no estuviera tomado por ninguna otra marca.
La respuesta nació de una observación cultural: todos los viernes en Alemania hay una frase que marca el inicio del fin de semana —“Salud y buen fin de semana”—, un pequeño ritual que aún no tenía su cerveza. Esa fue la oportunidad: crear la cerveza del after office, la que inaugura oficialmente el momento de desconexión.
Así nació Solera Kölsch, una cerveza de origen alemán, con diseño visual que fusiona lo clásico con lo vibrante: amarillo por su frescura, vinotinto por su carácter. Y como el producto venía desde el origen, la comunicación también. Comenzamos con piezas de intriga para generar expectativa, y luego lanzamos el primer comercial de la historia de Solera.
Pero lo que realmente rompió la rutina fue lo que hicimos después: una pieza CGI donde la cerveza se servía sola en pleno Centro Comercial San Ignacio, epicentro del after office caraqueño. Esa misma noche, acompañamos la experiencia virtual con una activación física en el lugar, incluyendo degustaciones, presencia de marca e interacción directa con los consumidores.
Solera Kölsch no solo se lanzó, se instaló culturalmente. El consumidor no necesitó explicación: entendió y vivió el ritual. La respuesta fue inmediata. El after office no se toma… se destapa. El producto se convirtió en símbolo del fin de semana y en excusa para brindar entre amigos.
Desde el diseño hasta la ejecución, desde el storytelling hasta el entorno físico, cada parte del lanzamiento construyó un nuevo hábito. Y en vez de pedir espacio en la mente del consumidor, lo creamos. Porque Solera Kölsch no fue solo una cerveza nueva. Fue una nueva forma de decir: es viernes.
